Logística y aduana

Contenedor completo o carga suelta: cuándo conviene cada uno

La carga suelta parece la opción barata para pedidos chicos. Lo es hasta cierto volumen, y ese punto se calcula, no se intuye.

Andén de bodega de consolidación con tarimas de distinto tamaño y envoltura esperando en cuadros marcados

Cuando el pedido no llena un contenedor hay dos caminos: pagar un contenedor completo y mandarlo a medias, o compartirlo con otros importadores. La decisión parece obvia y no lo es, porque la carga compartida tiene costos que no aparecen en la primera cotización.

Contenedor completo

Contratas la caja entera. Se carga en la fábrica o en la bodega de consolidación, se sella y no se vuelve a abrir hasta que llega a destino o hasta que la autoridad decida revisarla.

Ventajas: la carga se manipula menos, el tránsito es más corto porque no espera a que se complete un consolidado, y el costo por metro cúbico es el más bajo cuando el contenedor va lleno. Además puedes juntar mercancía de varias fábricas en una sola bodega y mandar todo en un solo embarque con un solo juego de documentos.

Carga suelta consolidada

Pagas por el espacio que ocupas y viajas con mercancía de otros. El operador junta varios embarques en un contenedor, y en destino lo desconsolida antes de entregar.

Ventajas: no necesitas volumen mínimo y el desembolso es menor. Desventajas que conviene tener presentes desde el principio:

  • Tiempo de espera. El contenedor sale cuando se completa, y eso puede sumar días antes del zarpe.
  • Más manipulación. Tu carga se carga, se descarga y se vuelve a mover en la desconsolidación. Es donde aparecen las cajas golpeadas.
  • Cargos en destino. La desconsolidación, el manejo y el almacenaje se cobran aparte y suelen superar lo que se esperaba.
  • Retrasos ajenos. Si la mercancía de otro importador en el mismo contenedor tiene un problema documental, tu carga espera.

El punto de cruce

La carga suelta se cotiza por metro cúbico o por tonelada, lo que resulte mayor. El contenedor completo se cotiza como un precio cerrado. A medida que tu volumen crece, el precio de la carga suelta sube en línea recta mientras el del contenedor no se mueve, y en algún punto se cruzan.

Con tarifas normales, ese cruce suele caer entre 12 y 18 m³ frente a un contenedor de 20 pies. Por debajo de ese rango casi siempre conviene la carga suelta; por encima, el contenedor. Pero como las tarifas marítimas se mueven bastante, la cuenta se rehace en cada pedido con las cotizaciones del momento y sumando siempre los cargos de destino.

Un caso intermedio que suele resolver el problema

Si estás cerca del punto de cruce y compras a más de una fábrica, la consolidación cambia la ecuación. Diez metros cúbicos de una fábrica más nueve de otra hacen diecinueve, y ahí el contenedor completo ya conviene. Recibir todo en una bodega, contar, reforzar el empaque y cargar una sola caja es más barato que mandar dos embarques sueltos, y además te da un punto donde revisar la mercancía antes de que salga del país.

Lo que hay que pedir en las dos cotizaciones para poder compararlas

  1. Flete internacional.
  2. Cargos en origen, incluido el manejo en el puerto de salida.
  3. Cargos en destino, con la desconsolidación cuando aplique.
  4. Días libres de almacenaje en destino y el costo por día una vez agotados.
  5. Tránsito estimado puerta a puerto y frecuencia de salidas.

Sin los puntos 3 y 4, la comparación no sirve. Ahí es donde una carga suelta aparentemente barata termina costando lo mismo que un contenedor propio, con más tiempo y más manipulación encima.

Terminal de contenedores al anochecer, con grúas de muelle sobre un buque atracado

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